No te quejes tanto

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No te quejes tanto, deja esa fea costumbre que no ve el lado bueno de las cosas. Muchos se quejan de su  trabajo, del conyugue, del país, del vecino... nada les satisface. Han hecho de la queja del lamento y del reproche su estilo de vida, olvidan que Dios ha dicho: "Confiad, yo he vencido al mundo". Crea la palabra de  Dios, Él no miente y nos libra de los atormentadores. Quejarse y murmurar no soluciona nada. No pierdas tiempo hablando mal del gobierno, de las autoridades y de los políticos. Los quejumbrosos disfrutan los problemas pero nunca son parte de la solución. Desarrolla paciencia y soporta algunas limitaciones. No mires atrás, no añores el pasado, aprende la lección y avanza.
La queja crea un ambiente de desconfianza y resentimiento, rompe la unidad, la armonía y fomenta el desaliento. La murmuración es una queja del alma, es desobediencia y condenación.  Ten calma, no busques aclaraciones, ignora la gente necia. No vivas a la defensiva, deje que los simples crean lo que quieran. No pagues con la misma moneda, no estés triste si hablan mal de ti,  ten paciencia y glorifica a Dios. 1 Pedro 4:14-16

No te desanimes, usa los comentarios negativos como un estímulo para enfocarse en lo positivo y prosigue con tus sueños. Ora y habla bien de las personas que murmuran de ti. Deja que otros vean la diferencia, no confíes en esa persona que habla mal de alguien que solo dice cosas buenas de ella.  Usa las buenas nuevas de Jesús y vence el mal. Ora por tus enemigos y verás que es difícil criticar y hablar mal de alguien por quien oramos.

El único remedio contra la queja y la murmuración es arrepentirse. Y el ejercicio es guardar silencio para no pecar, que nuestras palabras no sean un impedimento para que nuestras oraciones sean escuchadas. Cuida tu testimonio y muestra que Jesucristo vive en tu corazón.