PALABRAS DE PODER


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Palabras de Poder… Hablar demasiado de nuestros problemas los aumenta. Al enfrentar situaciones difíciles en 2 Reyes 4:26 observamos como la Sunamita confiada en el poder del Eterno, en medio de su gran prueba, respondió que todo estaba "bien". Ella puso Palabra de poder en su boca, confió que todo estaba en manos de Dios y respondió en acuerdo a su fe. Cuando la mujer respondió que estaba “bien”, desató fe para gloria de Dios. Proverbios 18:21 enseña que “En la lengua está el poder de la vida y de la muerte y el que la ama comerá de sus frutos”.

EL PODER DE LA LENGUA

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El poder de la lengua… Todos comen de su fruto, sea bueno o malo, sea para bendición o para maldición. En la lengua hay  vida y muerte según las palabras. Si expresas rencor, ira, venganza, celos, burlas, desprecio y maldices a otro, lo cierto es ese odio te hará comer las semillas amargas en esta vida. Pero si  hablas bendición y eres generoso con tus palabras de bondad y misericordia entonces atraerás bendiciones a tu vida.

NO MURMURAR

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No murmurar… Evita que el temor os llene de pensamientos y de palabras llenas de miedo e incertidumbre, con la ayuda del Espíritu Santo sé guiado a toda verdad y deja de lado la negatividad, es una decisión inteligente, no es bueno colorear la película diaria con murmuraciones y quejas que no da ningún buen resultado. En medio de aflicciones aprovecha para adquirir dominio propio de manera que no termines culpando a Dios por las desgracias  mismo provocas.

EL VALOR DE LA DISCRECIÓN



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El valor de la discreción... Esta virtud distingue a la gente noble, y prudente, que mira y destaca lo bueno, lo digno de elogio y de buen nombre. Piensan antes de hablar y así protege su intimidad y la de los demás. No se prestan para avergonzar a nadie, no divulgan secretos y no participan en contiendas.

JUZGAR ES MALO

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Juzgar es malo... Porque con el juicio con que juzgáis seréis juzgados y con la medida con que medís se os medirá". Este es un principio eterno que nos aclara bien que “no” estamos autorizados para juzgar según  las apariencias, sino con justo juicio. Juzgar en forma injusta a una persona acarrea una sentencia aterradora que activa la ley de la retribución contra nosotros.